Baler, localidad a 232 kilómetros al noreste de Manila, cabecera del llamado distrito Príncipe, con una población aproximada de 1900 habitantes, fue el escenario de uno de los episodios más singulares de la guerra del 98, donde un puñado de hombres resistieron durante 337 días el asedio de los insurrectos tagalos en la iglesia de dicha localidad.
Cincuenta hombres del Batallón Expedicionario nº2 al mando del Teniente D. Juan Alonso Zayas y del Teniente D. Saturnino Martín Cerezo, llegaron a Baler el 12 de Febrero de 1898 con la misión de relevar a la compañía mandada por el Capitán Roldán , con ellos viajaba el Capitán de la Morenas como nuevo Comandante Político Militar del distrito y el médico provisional de Sanidad Militar D. Rogelio Vigil de Quiñones.


Ya en Octubre del año anterior (1897) otro destacamento, al mando del Teniente Mota, había sufrido un asalto en el que resultaron muertos el Teniente y 9 soldados. El frágil acuerdo de Biacnabactó puso un breve paréntesis a las hostilidades que se reanudaron firmemente en Junio.
El 27 de dicho mes, ante los acontecimientos que se avecinaban, todo el destacamento se refugió en la iglesia del pueblo, única construcción sólida, haciendo acopio de todos los víveres y municiones con que contaban. Se izó la bandera española en el campanario y allí permaneció con los hombres que la defendieron hasta el día de la capitulación.
El 18 de octubre de 1898 moría de beri-beri el Teniente Alonso Zayas Jefe del Destacamento y el segundo Teniente Martín Cerezo tomó el mando del mismo.
Muchos fueron los intentos de asalto, los intentos de engaño para que el destacamento se rindiera y muchos los intentos vanos de mostrar la cruda realidad, Manila había caído en manos de los norteamericanos el 7 de agosto y el 12 de diciembre se firmaba el tratado de paz en París.
Pero aquellos soldados, completamente aislados, sufriendo la escasez de alimentos, el azote de las enfermedades tropicales, los continuos hostigamientos y asaltos, el castigo psicológico de verse encerrados en un recinto de no más de 300 m2, siempre vigilantes y faltos de sueño, no capitularon hasta el 2 de Junio de 1.899. En ese día el Teniente Martín Cerezo leyó uno de los supuestos periódicos falsificados que dos días antes le entregara un emisario y en él la noticia del destino a Málaga de uno de sus compañeros de armas, ese dato no lo podían inventar los tagalos y comprendió que todo se había perdido.
En Baler dejaron sus vidas 14 soldados, el capitán de las Morenas, el Teniente Alonso y el párroco de la iglesia que con ellos se refugió.


Entre los 31 soldados supervivientes cuatro eran valencianos: Emilio Fábregat Fábregat, natural de Salsadella; Loreto Gallego García, natural de Requena; Ramón Buades Tormos, natural de Carlet; y Ramón Ripollés Cardona, natural de Morella.
Este es el relato y, como dice el Teniente Martín Cerezo en su libro El sitio de Baler “Mucho supone en el fragor de la batalla el ataque a la batería formidable ; mucho el cruzarse con las bayonetas enemigas; pero aun hay algo más pavoroso, irresistible y difícil en la tenaz resistencia del que, una hora y otra hora, un día y otro día, sabe luchar contra la obsesión que le persigue: sostenerse tras la pared que le derriban y no ceder a los desfallecimientos del cansancio.
Tal es el mérito de los defensores de Baler, de aquella pobre iglesia, donde aún seguía flameando la bandera española, diez meses después de haberse perdido nuestra soberanía en Filipinas.
Los que hablan de fantasías, que mediten; los hombres de corazón, que lo valoren.”

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